Perfil de una “comunista” en Venezuela del siglo XXI

 

Edad: 31 años.

Lejos de creerme de la generación “millennials…”

Me llamo a mí misma “comunista” por varias razones, especifico la región y el siglo, por tratarse de un silogismo bastante retrogrado para mi época.

  1. Adaptación (no por gusto); soy estudiante del último semestre de la escuela de historia de la Universidad de los Andes (“autónoma” desde hace más de 50 años, creada antes de la llamada etapa colonial). Tengo 8 años en la carrera, mi comunidad es la universidad, dependo casi en un 100% de la misma. La universidad vive una etapa de déficit presupuestario desde hace 17 años (para ello hay un montón de fuentes que lo corroboran), todo esto implica que me he convertido en una persona con un nivel adquisitivo, por debajo de cualquier individuo de la sociedad venezolana. Si no fuera por el comedor de la ULA, (que viene sufriendo también déficit y altos grados de corrupción interna, por aquello del gobierno del proletariado) si no fuera porque además tengo una beca, con la que, de todas formas, no puedo comprar comida, pagar alquiler y cubrir gastos académicos, si no fuera por eso, tendría que dejar de soñar con culminar mi carrera universitaria. Así que vivo al mes con menos del sueldo mínimo, y me he adaptado a la vida precaria que implica ser comunista en este país. Si luchar implica incendiar la ciudad, prefiero quedarme en casa comiendo poco y terminando mi carrera, no porque sea conformista, me adapto, es por la necesidad misma, de salir de esta situación, antes que cierren la universidad y no me quede absolutamente nada más, que huir.
  2. Soy optimista; no porque crea en este sistema, y el estúpido socialismo pos-Chávez. (tomesé en cuenta que desde que he podido ejercer mi derecho al voto, lo hice ciegamente, no porque creyera, sino porque confiaba… nótese también, que hablo en pasado…). Mi generación, y aun los que son de generaciones pasadas, y que intentan hacer contra revolución, no han sabido jamás, hasta la fecha, despertar un espíritu de lucha por sobre el falso, e ingenuo espiritu mal inyectado de “patriotismo” de los oficialistas. Optimista para no morir de inanición. Optimista como un estado íntimo y propio de lo que deseo para mi vida y que está relacionado con lo que deseo para mi comunidad. No estoy dispuesta a luchar o morir por ninguna ideología, eso se acabó. Soy optimista y no usare a mi favor todo aquello por lo cual se nos ha reconocido y que implica un montón de asuntos peyorativos.
  3. Soy paciente; tengo, según la definición, “la capacidad de sufrir y tolerar desgracias y adversidades o cosas molestas u ofensivas, con fortaleza, sin quejarse ni rebelarse”. Y nuevamente agrego, no por gusto, sino por salud mental. El día que tenga que volver a la urna electoral, tal como lo hice la última vez, lo haré para eliminar todo vestigio de socialismo.

Este es el perfil más o menos, de lo que implica llamarme a mí misma comunista. Vivir no por gusto, pero si, por error, la miseria a la que se ha sometido a mi ciudad y a mi comunidad, intentando ser optimista y paciente. Por salud mental, también he optado por dejar de ver noticias, ya que vivo día a día, mes a mes, y año tras año, desde hace menos de una década, la crisis inflacionaria que me afecta directamente sin necesidad de leer o ver noticias, que suelen ser una sarta de generalizaciones. Aquí el contexto es mi comunidad, el estado Mérida y la universidad de los Andes, que por estar ubicada en el occidente en un país centralizado, y por ser la cuna de intelectuales y académicos dedicados a la producción del saber, desde antes de la misma independencia. Son Coherentemente opositores de una ideología obsoleta, y sufren, irónicamente, las penurias que una vez padeció el comandante del arañero; la marginación y el olvido, la entrega de la ciudad a un nefasto Gobernador, que se hace llamar chavista y que vive al igual que el resto de los apoderados de Chávez, en la opulencia de los que “son más iguales que otros…”

Realizaré una bitácora mensual de los acontecimientos observados por una persona que mantiene el optimismo y la paciencia, tomando en cuenta que, llamarme comunista es una completa sátira, una comedia trágica por lo absurdo de muchas situaciones que vive una ciudad universitaria dentro de un país de desquiciados socialistas.

greta

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