Ciclo cerrado, ventana abierta.

 

 

2:40 am del 31 de Diciembre de 2015.

Muchas veces desperté a esta hora en mi jornada de sueño, otras tantas veces a las 3:33 Am.

En 2015, me asegure de no creer en nadie por lo tanto tengo más por sumar que por restar.

Me percaté siempre de agradecer, me impuse a mi misma ver siempre al cielo, buscar de alguna manera una cima, y de esta forma, sonreír dependía solo de mí.

Despido a los veinte. Abriendo camino…

puede que, me sumerja en el inframundo de las metas que se desvanecen, a las que hay que ir a buscar en pedacitos.

Me aseguré de seguir los consejos que años anteriores, me dije a mi misma, como llevar un casco en caso de descensos y un paracaídas, aunque, este último, lo usé tantas veces, que al final, y por puro afán, me resbalé sobre mi propia construcción y fui a dar, por aquí cerca. Sigo cuerda. Mi corazón late sin pálpitos exagerados, mi cerebro lo ayuda continuamente.

Para cerrar el año, me topé con un ser humano nuevo. En buena hora se me ocurrió saludarle, porque de alguna manera le conocía. En estos días, que en muletas anda la confianza, no está de más, para un ser de amor, involucrarse con personas con las que se tengan cosas importantes en común, aun antes de recordar su rostro.

En estos días las redes sociales pueden jugar a nuestro favor y con más frecuencia, en nuestra contra. Coincidencia o causalidad, ambas seres humanos, nos hemos encontrado con el factor común de cerrar el año con la memoria puesta en el corazón, en la suma de todo lo que se da y se va al limbo.

Ya quisiera yo, cocerle el corazón a palabras. Ya quisiera yo, que fuera cualquiera mi lienzo para entretener mi sed de escribir.  Pero me pesa el tiempo.

Mi mayor compromiso es quedar bien conmigo, en la misma medida en que quedo bien con mis compañeros de la vida, de viaje, de cuentos, de ratos, de paseos, de compartir. Me pienso disfrutar las subidas y las bajadas. Este año, mi corazón no llevará armadura, así cualquiera tendrá la libertad de amarme.

Las puertas estarán cerradas, pero mis ventanas estarán abiertas.

En la medida de lo posible me recordaré que tengo hormonas para controlar, y que ellas no pueden controlarme todo el tiempo.Que con ellas, mis hormonas femeninas, no puedo justificarme.

Asumiré mis ovarios en todo momento, aunque me vuelva un ser humano andrógino en apariencia. Pues, a mis tres décadas, en este continente, no puedo hallarme más cómoda de ninguna otra manera.

Mis primeros años de vida desee ser, un humano niño,  encerrado en los espantosos vestidos de una niña. La segunda década, descubrí que ser mujer tiene sus ventajas, una de ellas, es no ser un hombre.

La última comprendí, que me amo tal cual, humana y mujer. Y en ese pequeño viaje se me pasó el tiempo, me hice a mi misma de nuevo, me forjé y me forjaron los amaneceres, los ojos ajenos de una mujer, de dos y de tres miradas que juzgan y derrumban cosas, pero jamás al alma.

Soy la mujer que me da la gana. conservadora, discreta como dama pudorosa y cuerda, con la postura que el corset ortopédico de mis malos días de adolescente, me dejó.

Con la actitud de servir sin que ello signifique bajeza, con la humildad de asumir mis errores y buscar enmendarlos, con la nobleza suficiente para pedir perdón.

Con el espíritu consiente de cohabitar con otros seres tan humanos como yo.

Este año me rodearé de historia de vida, de pasión por mi rol como investigadora, como escritora de la vivencia de otros, sin lugar a duda tendré la memoria en el corazón, y así me identificaré con mi trabajo.

Todo jugará a mi favor, nada ni nadie se opondrá a ello. Mi única enemiga soy solo yo con mis decisiones.

Solo una misma puede fallarse, y herirse, tanto derrochando como reprimiendo emociones.

El temor no existe en mi vocabulario.  Dejo la ventana abierta para recibir todo lo que traiga este nuevo año.

“We’ve got stars directing our fate
and we’re praying it’s not too late
cause we know we’re falling from grace
millennium”

 

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