Brasil y su experiencia atípica en la historia colonial de América

La historia do Brasil  está enmarcada dentro de los procesos de exploración que fueron llevados a cabo por Europa en el nuevo mundo, siguiendo de manera general la misma trayectoria histórica donde se encuentran: la invasión y conquista, la colonización, el poblamiento y la instauración de las instituciones coloniales en los asentamientos de pueblos aborígenes. Aunque en esta última etapa, más que en las otras, las diferencias en comparación con las colonias españolas, son muito particulares. Brasil a diferencia del resto de América, guarda enorme diferencia en la experiencia histórica vivida con estas etapas previas al Estado Republicano. Hablar de Brasil es remontarse a la región histórica de Portugal como la precursora en la empresa de la navegación a gran escala, ello habla de un Portugal  con un sentido  mucho más avanzado en cartografía que el resto de Europa del siglo XV. Desde luego para abordar la historia de Brasil es preciso conocer el contexto histórico europeo y de América, lo que convierte la experiencia de investigación de la región histórica de Brasil, en una lectura repleta de características que contrastan con toda la historia hispanoamericana.

Portugal era la precursora en la empresa de la navegación a gran escala.

 

 

Algunas particularidades de la historia colonial de Brasil:

– Ausencia de una oligarquía arraigada. A diferencia de las colonias hispanas los brasileños guardaban lazos más estrechos con sus instituciones coloniales. Había inserción de brasileros trabajando en todos los rangos medios y bajos de la burocracia, en los cargos de magistrados de la corona y gobernadores, incluso en el imperio portugués, tales como Goa y Angola, y en el mismo Portugal habían aprobado altos puestos administrativo.

– No existió nada parecido al sistema de intendencias que se introdujo en Hispanoamérica, Habían solo ocho capitanías generales, Grao Para (que incluía la capitanía subordinada de Rio Negro), Maranhao (incluyendo Piauí), Pernambuco (incluyendo Ceará, Rio Grande do Norte y Paraíba), Bahía (incluyendo Sergipe y Espirito Santo), Minas Gerais, Sao Paulo, Mato Grosso, y Goiás.

-La densidad de población negra provocó mucho más control social por parte de la minoría blanca terrateniente y por ello la disposición a acuerdos con la metrópoli y su aceptación al dominio colonial. Los esclavos sumaban sea un 40% de 100 del total de la población, y constituían el rasgo distintivo de la sociedad rural y urbana en todo Brasil. Otro 30 por 100 de la población lo constituían los mulatos y negros libres.

– Portugal era una potencia más débil con mayores limitaciones de recursos financieros, militares, y humanos frente a Brasil. Su expansión en Europa no era significativa.

-A diferencia de la América española, Brasil no tuvo universidades ni siquiera imprentas durante el período colonial, a pesar de eso, los lazos familiares y personales que existían entre los miembros de las élites portuguesa y brasileña se mantenían y reforzaban a través de una formación intelectual común predominantemente en la Universidad de Coimbra.”

– En el mundo del Atlántico durante la segunda mitad del siglo XVIII, no prevalecen sino 3 o 4 conspiraciones significativas que escasamente tuvieron tiempo para convertirse en rebeliones.  La inconfidencia mineira fue sin lugar a dudas el más serio de los movimientos.

-Las raíces de la conciencia nacionalista fueron impulsadas por portugueses que encontraron mas prosperidad en Brasil que en Lisboa.

La retirada a gran escala de toda la corte imperial portuguesa hacia Rio de Janeiro. la convirtieron de la noche a la mañana, despues de haber sido capital de Virreinato,  en la capital del imperio Portugués. El Rey dom João, luego de las amenazas de invasión de las tropas de Napoleón, tomó la decision de mandar a su hijo Pedro I, su familia y toda la corte portuguesa para establecer el imperio en Brasil. lo cual significa un acontecimiento único en la historia del colonialismo europeo.

El viaje no fue tranquilo: al empezar, tuvieron que hacer frente a una tormenta que obligó a un considerable desvío en la ruta. Además, varios barcos tenían una condición precaria y la sobre ocupación impuso condiciones humillantes para la nobleza, que tuvo que dormir apiñada, bajo viento y lluvia, en las cubiertas. La higiene era pésima y se originó una epidemia de piojos ya que muchos no consiguieron llevar mudas de ropa. Varias personas enfermaron y se tuvo que racionar el agua y los alimentos, que eran escasos.

Embarque hacia Brasil en el puerto de Belém. Grabado de Francisco Bartolozzi a partir del óleo de Nicolas Delariva.

Entre abril y octubre de 1808, se instalaron en Brasil las principales instituciones del Estado absolutista portugués, incluidos el Conselho de Estado, el Desembargo de Paco (la Corte Suprema), la Casa de Supplicacáo (Corte de Apelaciones), el Erario Real, el Conselho da Real Fazenda, la Junta do Comercio, Agricultura, Fábricas e Navigacao y el Banco do Brasil. Mientras tanto las colonias hispanas se veían cada vez mas aisladas de sus monarcas Carlos IV y Fernando VII, que a pesar de haber planeado huir hacia América, se quedaron disputándose en España la corona, hasta que  se vieron invadidos por las tropas de Napoleón. Sin lugar a dudas la corona portuguesa fue mucho mas sabia.

Con el arribo se presento un problema difícil, ahora se debía resolver dado las pequeñas dimisiones de la ciudad. La ubicación de miles de personas Principalmente, faltaban casas lo suficientemente «dignas» para satisfacer a los nobles y, en especial, a la propia familia real.

Vista del Largo do Carmo en el centro de Río, pocos años después de la llegada de la corte.

-Los ingleses fueron los principales aliados militares y comerciales,  incluso escoltaron a la corte hasta las bahías de Brasil. Mientras duro la guerra el comercio directo con todas las naciones amigas se identificó con Inglaterra (En agosto de 1808, entre 150 y 200 comerciantes y agentes comisionistas conformaban la floreciente comunidad inglesa en Río de Janeiro.)

-Los Brasileros vivieron la experiencia de ser la capital del imperio, en tanto que podían ver acudir a soberano. El Rey dom João, acostumbraba a realizar una ceremonia portuguesa, que empezó a formar parte del folclore, y que al pueblo le fascinaba, así lo fue la de beija-mão o besamanos. Así lo demostró el pintor Henry L’Evêque al describir que:

«el príncipe, acompañado de un secretario de Estado, un criado y algunos oficiales, recibe todas las peticiones que se le presentan; escucha con atención todas las quejas; consuela a algunos; anima a otros… La vulgaridad de las maneras, la familiaridad del lenguaje, la insistencia de algunos, lo prolijo de otros, nada lo enfada. Parece olvidarse de que es su señor para pensar que es solo su padre».

Por otro lado, Manuel de Oliveira Lima anotó que:

«nunca confundía las fisionomías ni las súplicas y maravillaba a los suplicantes con el conocimiento que tenía de su vida, de sus familias, incluso de los pequeños incidentes acaecidos en tiempos pasados y ellos apenas podrían creer que el rey se acordara de todo esto».

Registro de la ceremonia del besamanos en la corte carioca de Juan de Braganza, una costumbre típica de la monarquía portuguesa

El rey dom João, volvió a Portugal a principios de la década de 1820, con la esperanza de que su hijo don Pedro, a quien dejo como regente de Brasil, subordinara la Brasil a su estado antiguo de colonia, despues de que esta había gozado de los privilegios de ser capital de un imperio. Entonces fue también la primera vez que un Príncipe, desde una colonia, desenvainó su espada y exclamó: «¡Independencia o muerte!» en lo que se llamó Grito de Ipiranga. Por lo que fue proclamado emperador del Brasil el 12 de octubre y coronado formalmente el 1 de diciembre.

El 18 de julio y el 29 de agosto firmaba el tratado por medio del cual Portugal reconocía la independencia de Brasil. A cambio, Brasil acordó pagarle a Portugal una compensación de 2 millones de libras esterlinas. Por otro lado también Dom Pedro prometió defender la integridad del resto del imperio portugués y de no permitir nunca que ninguna otra colonia portuguesa —por ejemplo, Luanda y Benguelea en el África portuguesa, que históricamente habían mantenido lazos estrechos con Brasil— se uniera al imperio brasileño.

– Finalmente se firmó un tratado en noviembre de 1826 por medio del cual el comercio brasileño de esclavos sería ilícito, pero no fue sino cuatro años  después (en marzo de 1830)  y gracias a las presiones de Inglaterra que exigía la abolición de la empresa esclavista a cambio del reconocimiento del imperio de Brasil.

Ya para 1931 Don Pedro I había logrado sus objetivos de cortar las raíces con la monarquía Portuguesa y levantar su propio imperio en Brasil, tal fue su seguridad, que ese mismo año decide abdicar a favor de hijo el futuro Pedro II que apenas tenía 5 años de nacido.

Pedro murió en Queluz, el mismo palacio en el que nació, a la edad de 35 años, en 1834, a causa de una tuberculosis. En 1972 sus restos se trasladaron a Brasil y fueron enterrados en la cripta del Monumento de Ipiranga donde está también el Museo Ipiranga.

En una próxima edición estaremos describiendo algunas características de los periodos posteriores al reinado de Don Pedro I.

 

Fuentes: Bethell Leslie, Historia de América latina Barcelona España, Crítica, pp 171-204.

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