VIVIR – BENDITA INTENSIDAD

Lo entretenido de estar aquí lo hacen las emociones intensas del lazo social. No rechazando la influencia ni la energía que nos lleva discutir, y a ser libres de callar rotundamente o expresarnos con el alma.

Lo entretenido de vivir es poder emocionarse con intensidad. Disgustarse como si todo fuera trivial sin que necesariamente la ira o la amargura tenga que posarse sobre nosotros, volviendo con la misma facilidad a la empatia, tal como lo hacen los niños. Alegrarnos y enfrentarnos a tener nostalgias y tristezas en la misma frecuencia. Ver el dolor o la obsesión, como algo que no se corresponde con la vida y que sin embargo es parte de ella, pero no es lo único ni es lo mejor.

Lo entretenido de la vida es dejarnos ser, solo limitándonos a no herir o juzgar. Si somos de espíritu intenso el drama es igual a la comedia, seremos entonces, temerarios, que no nos define un único sentimiento. Lo amargo se diluye entre recuerdos dulces.¡y el resentimiento se fumiga con tantas cosas! que resulta aburrido precisar aquello que llaman resentimiento. El odio es inoperante.

Lo entretenido de estar aquí, es también poder contar con que tenemos a quién perdonar. Es saber que tenemos la posibilidad de fallar, de tener ansiedad, nervios, adrenalina, vértigo a la inmensidad.

Es tener ganas de explorar el volumen de nuestras cuerdas vocales. inhalar y exhalar, gritar o llorar. Esta en querer, en Amar sin que nada lo limite. En Creer, arrepentirse, lucharse la paciencia, intentar la tolerancia, explorar ese perdón (que se puede volver cotidiano cuando se vive en una sociedad de pocas virtudes, en donde se maldicen los unos a otros con sus acciones). Está en no quedarse en la rutina solo aceptando la crisis de esa sociedad tan aburrida por decepcionante.

Trascender intensamente. Comenzar algún día una batalla entre las circunstancias molestas y una buena actitud ¡y a ver que nos resulta mejor al final de nuestra cuenta!     En todo caso si nos atrevemos a esto último, si eso se nos ocurre y algún día comenzamos por enfrentarnos con la batalla de las circunstancias y la buena actitud, hagámoslo en silencio primero, no sea que nuestro semblante nos haga quedar mal con la otredad. Sabemos que un día “todo saldrá mal”, bien sea por el clima o la burocracia, como sea podemos relativizarlo y obtener de ello un simple episodio de comedia trágica.

El juicio de valor que pongo sobre las cosas, las gentes, las circunstancias es lo que hace que todo esto sea entretenido, por tanto vivo intensamente la emoción de dar y no perjudicar a los que me rodean,  ni rodearme de cosas, gentes o circunstancias que estén fuera de lo que me gusta de estar aquí, entretenida entre tantas benditas emociones intensas de vivir.

 

Metáfora del tobogán y el enamoramiento

No me da la gana de entender a los poetas contemporáneos que hablan de un amor muerto, de un amor que sangra sin fin, del enamoramiento caótico.

¡Terroristas!

¿Acaso no sabrán que todos pasamos una temporada en el infierno? Dos, o hasta tres y más. La puerta del averno metafórico, terrenal y mundano está abierta, hay salida y escapatoria.

He amado y me he enamorado no sé cuantas veces. Y Qué delicia la retrospectiva en que me rompen el corazón, y de la nada, vuelve a su estado natural como si fuera inmortal y hubiera una segunda vida, para una tercera oportunidad. Cómo si fuera posible la regeneración de la memoria, la resurrección del yo, y el encuentro con el espíritu. Qué gusto recordar que el dolor no es eterno. Que una vez existió el infinito en los mismos ojos que te lanzaron a un abismo, para volver a la tierra aunque fuera en muletas y no más cobarde, sino más atrevido. Humano.

Toboganes. Me gustaron siempre.

Así pasa con cada enamoramiento, cada sensación es diferente, aun cuando se acaba, duele cada vez menos y cada vez menos. Subes, desciendes con las cosquillas dentro, y llegas al final. Y me pregunto; con la emoción aun palpitante; ¿de nuevo? lo pienso. ¿Comenzar de cero el ascenso?

¡Sí! ¡Aquí voy de nuevo! mientras pueda, mientras el parque de la vida esté abierto, y no quiera Dios, que mi espíritu retorne temprano a su casa, porque entonces se acabará este día largo y hermoso de estaciones tropicales, de aventuras en toboganes, en el que no está garantizada la reencarnación en el único planeta con seres humanos que conocemos.