Lesbos siglo XXI

Sencillo es pensar en el presente.

En el reflejo externo de otra mujer que no soy yo.

En el existencialismo que pesa sobre cada ser.

Entonces enciendo la lámpara que solo podrá caducar con mi último aliento de vida.

Extiendo mi mano y parece que veo un alma,  mi reflejo. Mis tristezas, mi llanto, mi oscuridad, mi no sonrisa, mis represiones, mis miedos, mi rechazo por lo externo.

Y me atrae.

Me atrae la sombría sobriedad del recuerdo de su olor.

Somos como imanes con cargas iguales que tienden a rechazarse… Sin embargo, no es usted una materia amorfa como lo son estos objetos, ni tampoco lo puedo ser yo.

Es usted energía, en el cuerpo humano y perfecto de una mujer.

Es usted una mirada y una sonrisa, humanidad y aliento de vida.

Vulnerable como el agua antes del invierno, sutil como la soledad y la quietud de la noche.

Es usted la debilidad de una poeta, una casualidad encantadora, una divina utopía en el inconsciente. Una melodía que se eleva por encima de la melancolía. Una especie de musa que vino para hacer posible estas palabras.

Y me atrae, con todas sus barreras, con todas sus distancias, con toda su burbuja.

Más allá de la piel en la memoria de mis manos, de un aliento lujurioso haciendo eco en mis sentidos, más allá de ese detalle de su sexo. Me atrae, porque es usted como el reflejo salvaje y natural de mi libertad.

La complejidad del presente, donde he venido a encontrarle, es ilusoria.

.G.

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