Decretos sin aguijón

Digo que no me define un signo zodiacal. Así como antes no he creído, ni en cuentos de brujas despeinadas o encantadoras que cautivan.

Decreto que voy más allá, de las etiquetas, digo que me agrada la idea de Cristo, la idea de Gandhi, la idea de un Dios Misericordioso que dibuja paisajes para mí, cada mañana.

Digo que soy aliento de su vida, que la sangre de Cristo derramada sin culpa es mi amparo en los días insoportables.

Decreto Salud, concentración, dirección.

Espontáneamente ha surgido en mí, el deseo de salir de estas tierras, ya no me veo transitando estas calles, pues de quedarme, no podría más que, someterme al mal juicio de los que caminan las mismas calles que yo.

Mi confianza se ha ido de Mérida, ya no soy de aquí.

Creo en la sociedad, aunque no conozca de vista y trato, a alguna ejemplar. Deben existir otros aires, otros climas y otros paisajes a los que me deba conformar, pues mi corazón vive en estas cimas, en la sierra nevada. Nostalgia me da, decretar, que en otras tierras se encuentra un hogar para mí, y no ya, aquí. Descuida, ¡Mérida! por ti he de suspirar hasta mi último aliento de vida, en este pesebre he nacido, y antes de verlo en manos de más bandidos, prefiero irme y volver.

Seré solo yo, y nada más, en busca de paisajes y rostros que me inspiren confianza, y si no fuera así, que aun estando lejos, nada pueda inspirar confianza,  el rostro que se refleja en el espejo bastará. Bastará la luna y el sol reflejado en una piedra, bastarán los colores puestos todos en paredes, los árboles regados, el néctar de un jugo de naranja en los días de soledad, un piano sonando, una flauta, una citara, o una pieza musical con percusión, la intensidad de mi ser y la quietud de mi espíritu en otras tierras lejanas.

Esta noche me corto el aguijón, y aunque me vuelva crecer en la madrugada, tengo la disposición de cortarlo mil veces mañana, porque no solo soy la definición de un signo zodiacal, no estoy aquí para terminar desatando veneno.

Decreto que me enamoraré de mi profesión, que seguiré en mi camino por las ciencias sociales, hasta mi ascenso a las letras. Decreto ser feliz, aunque esté triste, o las lágrimas sean víctimas de homicidio cada vez que las aborte.Cuando venga la nostalgia le prepararé café. Cuando la soledad quiera jugar en mi contra, la desnudaré, para que hagamos las paces y así, hasta que un día ya no más.

No es fácil amarse a uno mismo, el corazón esta desordenado, por su costumbre absurda de darle prioridad a lo que no corresponde. El tiempo ya vendrá, Decreto, en que las cosas sean sencillas y fluya sin tanta complejidad, alguien con quien hacer equipo.

Mientras tanto, riego mis pasos para que florezca lo que merezco. Al corazón no le niego nada, solo me niego a la idea que tuvo antes de forzarse a creer en que las palabras están por encima de las acciones.

No digo que creo en cuentos de hadas, pero sí en proyecciones perfectas, como las de cualquiera. No niego la existencia de ángeles, así como no niego la naturaleza humana y su improbabilidad de parecerse a la idea de lo angelical.

Me agrada la idea de las virtudes y voy en pro de exaltarlas con modestia y en silencio. Optimismo. Amor. Paz. Compasión. Respeto. Tolerancia. Paciencia. Honestidad. Franqueza, Sinceridad. Lo demás vendrá por añadidura. Lo perfecto no existe, lo perfecto fluye cuando somos energía.

Somos capaces de hacer posible nuestros decretos.

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