Al fin Soledad

Sospecho que debe haber alguien en este momento, allá, afuera, que ha de estar caminando acalorado quejándose por la inclemencia del día soleado.

Y yo con este frio en el alma, capaz de contagiar a cualquiera.

Parcialmente nublado todo el techo de mí templo.

No fue el reino de los sueños, si me preguntan qué pasó con la alegría y los arcoíris sicodélicos. Hasta el unicornio naranja que vive ahora en casa, se pregunta cuál es la salida de este lugar.

La soledad ha vuelto con su equipaje, todo está hecho un desastre, los pipotes de basura repletos apestan de recuerdos donde le sobrevuelan moscas. Hay polvo de compañías ajenas por todos lados, las sábanas aun están dibujadas de siluetas que dan asco, Los discos están todos dispersos y rayados, una soga cuelga del techo, las hojillas afiladas están sobre la mesa de noche, la nevera está llena de costumbres podridas, y solo la cocina está limpia.

Sospecho que allá afuera estoy yo, caminando en busca de mi hogar.

 

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