Para esas personas ridículas que dicen; “no quiero hacerte daño”

La madre no abandona al hijo para no hacerle daño, ni aun el padre. Nosotros los que somos amigos, no andamos por allí, despidiéndonos para no causarnos daños. Cuando recurres a esta ridícula frase, tienes que estar viviendo aun, la segunda década de vida.

No es cierto! Basta con ser una persona carente de sabiduría espiritual, debes ser, idolatra de algo y adorador de todo, sin entender lo que literalmente aquellas dos palabras definen, y aun mas, debe ser una persona Egocentrista para creerse con semejante poder. Demás está decir, que el ego es la cosa más infame y vacía por la que se puede vivir.

Definitivamente esas personas hacen el ridículo, se les puede perdonar solo si están en las primeras dos décadas de su vida, ya después, pasando el sendero, estaríamos frente a un viciado, egocentrista, idolatra de las X, y adorador de todo. Todos somos potenciales destructores, pero también somos potenciales transmisores de Amor, después de cierta edad somos responsables de nuestra felicidad, para no decir que somos responsables de nuestros dolores, y eso porque nadie nos enseña a defendernos con amor, solo aprendemos a atacar y a bloquear, y peor aun, a maldecir cuando la impotencia nos conmociona.

Soy solo yo, y nada más que mi humana existencia, quien tiene la capacidad de hacerse daño. Y no habla el ego, habla el carácter del amor. Me defiendo perdonando, pues así me renuevo, me defiendo pensando en positivo, bendiciendo a los otros que vienen con su ego inmoral, a intentar convencerte de que tienen el poder de hacerte daño, pues resulta que solo nos convencemos de algo, esas personas no se perdonan así mismas, y no se arrepienten de nada, son viciosos, ego centristas, idolatras y adoradores de cualquier cosa. Aun peor, no tienen amor propio, puesto que para enunciar semejante frase, como lo es; “no quiero hacerte daño”, están asumiendo que son potenciales destructores y que no tienen la capacidad de enmendar sus errores, no tienen arrepentimiento, y aunque se arrodillen pidiendo perdón, para ellos arrodillarse vale más que la palabra que acompañó ese acto, pues no tienen amor propio y por lógica están lejos de transmitir amor a otro. Si alguna vez alguien te dice estas palabras, estas frente a una tremenda ridiculez. Pues, solo hace falta antes que otro lo crea, que uno sepa que es el principal protagonista y creador autónomo de sus dolores, de lo contrario es tremendamente ridículo.

Diálogo de dos supuestos amantes.

Aquellos: No quiero hacerte daño…

Tu, (voz en off): es muy tarde, ya el daño lo hice el día que me encariñé con la idea de ti. Es tan tarde! que aquella vez cuando supe que me hacía daño contigo, continué, estoy tan dañado! que lo único que deberías hacer es desaparecer o reinventarte.

Tu: ¿…? Media vuelta, salto arriba, kilómetros de distancia en las alturas.

Cuando hay arrepentimiento, perdón y voluntad de transformación, no tienes porque creer que le haces daño a alguien.

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