A principios de fin de mundo…

Por un momento viajé al pasado. Me vi al lado de un amor que me dejaría hace más de no sé cuantos años, con un corazón sin rumbo.

Hoy, rumbo el corazón tiene. El primer amor no existe, Todas las personas, todos los seres en quienes pienso durante mí existir, son los amores de mi vida. Uno a uno, puestos todos en desorden.

El amor tiene una medida ahora, que no me cabe en el corazón, gracias al amor que no fuiste el primero. Gracias a Dios señor universo. Gracias a la ventana abierta de un ser humano de carne y hueso, que me preguntó por mera curiosidad, si era yo feliz.

Cuando para entonces no lo había meditado. Cuando para entonces ese mismo ser humano que me abrió su ventana, se presentaba con toda su alma y una llama lejana de su brillante espíritu. Cuando para entonces el amor en dirección a un solo ser humano, me aterraba.

Desde entonces no hago más que responderme esa pregunta y conseguir en ella resultados positivos. Medito en mi felicidad desde que vi el reflejo del amor por las cosas, en otro ser humano. Nunca sabré si algún esplendor en mí, encontró aquel ser. Lo cierto es que, desde entonces le recuerdo como el primero de mis obsequios para tomar rumbo el corazón.

Y cómo se viaja al pasado si no hay recuerdo perecedero por el cual volver tan atrás en el tiempo? Una milésima de segundos inexactos de una canción de varios minutos, me trajo a estas líneas. Al presente volví en esa inmediatez.

Inevitable ya me es, no pensar en el amor sin imaginar que existe como algo que fluye sin sentido de propiedad. Si al fin y al cabo gastarme la existencia no puedo, en esperar o buscar que venga a mí representado en una sola figura de carne y hueso.

Quererme mucho es todo lo que hago, para no extrañar la soledad. Amar sin que ello signifique recibir a cambio lo mismo. Y si algún día el universo me concede el privilegio de conseguir una amante con los mismos talentos, No tendré que esforzarme por amar el resto. Ya para entonces dominaré el arte del amor que fluye libremente y no caduca con un adiós. Porque ya en el presente mi corazón tiene dirección a ello.
Me hace feliz saber que puedo amar, sin que ello signifique que deba recibir a cambio lo mismo. Hay miles de seres que solo necesitan amor y con tanto excedente en mi corazón, sería egoísta no retribuirle a la vida el verbo sin el cual la vida no sería posible. El verbo que parece extinguirse y con ello presentar al mundo, el comienzo del fin. El fin, Del Amor por el Arte de Amar.

-Greta-

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